5-3-2011 El oro: una mirada objetiva sobre un valor subjetivo

Nuestro corresponsal en Barcelona nos envía este importante artículo .
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“An objective look at subjective value” fue la conferencia magistral que dió Tony Deden, matemñatico y gestor de fondos en el transcurso del ’Gold&Silver Meeting-Madrid 2010″ organizado por la Asociación Española de Metales Preciosos junto con OroyFinanzas y el IGE. el pasado 25 de noviembre.

Oro ya no es una palabra maldita del pasado. La gente siente hacia el oro una mezcla de incredulidad, curiosidad, avaricia y emotividad. Sin embargo, y a pesar de que su precio se haya multiplicado por cinco en una sola década – sin mencionar la atención mediática que ha recibido – en mi opinión tanto los observadores como los participantes siguen malinterpretándolo.

Aquellos que poseen oro muchas veces dudan de cuándo venderlo para poder cazar esa ganancia no realizada. Aquellos que no lo poseen agonizan ante la duda de si comprarlo a este precio, de cuándo deberían comprarlo y de cuánto deberían pagar por él. El problema es que el valor del oro no se ajusta de manera impecable a los modelos de valoración usuales de hoy en día. Esta es una de las razones por las que ha atraído tanto cinismo.

Aunque sea completamente agnóstico sobre el precio del oro y sea incapaz de hacer predicciones o dar consejo sobre si debería Vd. poseer o no poseer oro, propongo compartir mi opinión subjetiva sobre su significado.

El precio al alza del oro (y de la plata) no es la respuesta a ninguno de los males que sufre este mundo, sino tan solo un símbolo de huida de la falta de honestidad. Este simbolismo contiene importantes claves sobre el capital y sobre su papel en la vida económica.

No cabe duda de que estamos viviendo tiempos sombríos. La crisis subprime no fué más que el preludio del subsiguiente caos financiero. Pero lo importante no son las consecuencias de dichas crisis financieras, sino reconocer que estamos sufriendo una crisis moral profundamente arraigada.

El tema puede resultar complejo, pero su impacto nos afecta a todos. Quisiera destacar “La ética de la producción del dinero” de Guido Hülsmann como un libro fundamental sobre el génesis de nuestra aflicción global.

Desde la perspectiva del poseedor de capital, esta crisis moral tiene implicaciones considerables, ya que sus consecuencias económicas surgen dentro de un marco más amplio de trastorno estructural. Cuatro de estas características son pertinentes: fraude, analfabetismo, ilegalidad y pobreza.

El fraude define todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida

El fraude define todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida moderna. Desde el gobierno hasta las finanzas, pasando por la familia, la contabilidad, las leyes, la medicina y hasta por la iglesia; desde los funcionarios de más rango del país hasta el jornalero más humilde: hoy en día el fraude caracteriza nuestras interacciones humanas más que en otros períodos de la historia.

El fraude de Madoff palidece hasta la insignificancia en comparación con el fraude intelectual, que hace mucho más daño. Pero parecemos aceptarlo. El fraude se tolera, se espera y, de hecho, generalmente se premia. Por el contrario la confianza, esta condición humana que une a las familias, a las comunidades y que levanta sociedades, parece haberse desvanecido.

Somos una sociedad de idiotas

El analfabetismo también es un rasgo característico de nuestros tiempos. Aún en la era de los ordenadores portátiles, de la comunicación instantánea, de los móviles de diseño y el milagro de internet, e incluso estando rodeados de más información que cualquiera de nuestros antepasados hubieran podido imaginar, nosotros, como sociedad, permanecemos en la más remota oscuridad.

En comparación con nuestros antepasados estamos intelectualmente desposeídos. No sabemos nada de nuestra propia historia, del dinero o del capital. Percibimoss el dinero y el crédito como una fuente de riqueza. Aceptamos la ingeniería financiera, pero sin mostrar interés por ella o ignorando su impacto económico. Aceptamos la idea de riqueza sin trabajar por ella e incluso la exigimos.

Compramos las deudas de otras personas y las denominamos activos. Exigimos bienes reales y abundante crédito para pagarlos. Vemos como los activos suben de precio y creemos que eso representa riqueza. Votamos a idiotas para que asuman cargos importantes. Celebramos el crecimiento económico, medido por el PIB y el dinero ficticio de nuestros tiempos, y lo aplaudimos como progreso. Somos una sociedad de idiotas.

Ilegalidad

Aún más, la ilegalidad es la tercera característica. La ley se ha vuelto distorsionada, ambigua, incierta y sujeta a los caprichos de las élites dominantes. En nombre de la seguridad o bajo el pretexto de la idea de justicia social, la inviolabilidad de la propiedad, la inviolabilidad del contrato y la inviolabilidad de la ley han sido confiscadas.

Pobreza

Y, finalmente, la pobreza. Tenemos abundancia de dinero y crédito pero carecemos de capital. Hemos intentado sustituir la esencia por la forma, los ahorros por el crédito y la producción por el consumo. Nos hemos comido nuestro capital. Como resultado, tanto las generaciones actuales como las futuras no podrán igualar su posición económica a la de sus padres.

Si, vivimos en tiempos sombríos, y sufrimos de una crisis moral. Ambos son consecuencia de 40 años de experimentación con dinero deshonesto. Repito: desde la perspectiva de alguien que posee capital – nosotros – los problemas son intimidantes y muy reales.

El dinero deshonesto destruye el alma de nuestra sociedad

El dinero deshonesto no solo destruye el capital, al ahorrador y los cálculos económicos del empresario. Principalmente destruye el alma de nuestra sociedad. Genera un sentido del riesgo deshonesto, que genera una contabilidad deshonesta, objetivos deshonestos, actividades empresariales deshonestas, garantías deshonestas, un sistema financiero deshonesto y, por último, una clase dirigente deshonesta.

Yo sugiero que bajo estas circunstancias la idea de encontrar el valor o de valorar activos es una tarea increíblemente difícil. El uso de la métrica estándar corre peligro de falsedad. Y así, la noción de valor se vuelve polisemántica y se separa de la ortodoxia de las finanzas modernas.

Si queremos abordar honestamente las implicaciones financieras de nuestra crisis moral, debemos empezar a cambiar de forma de pensar. Decir que queremos preservar nuestro capital es, como poco, muy difícil. Esto requiere que encontremos honestidad y estabilidad. Requiere que nos extrapolemos del sistema al que estamos ligados y que consideremos el capital de una manera muy diferente.

Requiere que seamos profundamente desconfiados. Nos exige pensar fuera de la métrica utilizada por nuestros contemporáneos y fuera de la jerga financiera utilizada para mantener la ignorancia y estupidez de nuestros tiempos.

Si insisten en preguntar hasta dónde subirá el precio del oro o si deberían comprar o vender, mi única respuesta es que están haciendo la pregunta equivocada.

El precio del oro en dinero no se puede calcular con las fórmulas del análisis financiero. ¿Cuál es el precio de algo cuando lo medimos con otro algo cuya cantidad es intencionadamente deshonesta?

Mr. Bernanke está intentando devaluar el dólar premeditadamente. Tendrá éxito. Sus colegas del BCE afirman estar en contra de dichas medidas. Esto no durará mucho, ya que ellos también acabarán devaluando la divisa. Ellos también fracasarán. Hoy son Grecia e Irlanda. Mañana será España. El mes que viene serán Gran Bretaña, Francia y muchos más. Y el mes que siguiente serán China, Japón, Estados Unidos, etc. Pueden pasar años, pero toda la cultura del crédito y de la deuda fracasará. Esta es la realidad. Lo que no sabemos es cómo y cuándo.

JL

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