21-5-2012 Ay , la madre patria !

De Mercurino Gattinara a García-Margallo

El gobierno español y una historia de globalizadores a globalizados

Por Fernando Del Corro (x)

La decisión del gobierno argentino de retomar el control de la emblemática petrolera YPF viene causando un fuerte debate local e internacional con la participación de los diferentes sectores interesados, en términos económicos y/o políticos, a partir del proyecto enviado por la presidenta Cristina Elisabet Fernández y aprobado por el Congreso de la Nación. Por ello, por ejemplo, es que el gobierno mexicano salió rápidamente al cruce en el marco de su condición de propietario de casi el diez por ciento del capital de Repsol a través de su petrolera de bandera, Pemex. Pero también, en medio de todo ello, se han escuchado voces con argumentos insospechados, tal el caso del canciller español José Manuel García-Margallo.

Este madrileño, que comenzara su carrera política en su adolescencia franquista en las Juventudes Monárquicas Españolas (JUME) allá por 1960 y que hoy es una pieza importante en el gobierno conservador de Mariano Rajoy, apareció con una afirmación que destacaron numerosos medios de España, la Argentina y otros países, en muchos casos con despliegue en sus portadas. “Apostar por la soberanía energética es un error en el Siglo XXI”, afirmó sin más trámites García-Margallo, al tiempo que reclamó que el tema se resuelva en los tribunales internacionales. El ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación español seguramente señaló lo segundo pensando en el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) que funciona en Washington en el ámbito del Banco Mundial, que por norma falla a favor de las transnacionales y al cual se adhirió el gobierno argentino, en tiempos de Carlos Saúl Menem, pero con el que las actuales autoridades nacionales no tienen la mejor relación.

Ahora bien, que la cuestión de la soberanía siempre tuvo dos versiones, es obvio. De un lado los países dominantes y sus socios en los dominados y del otro los que pretendían romper con la dominación. Lo curioso en este caso, y tal vez no tanto, es que el canciller de España, un país que acaba de admitir oficialmente que entró en recesión, que tiene la tasa de desocupación más alta de Europa, sobre todo femenina, y de casi todo el planeta y que, entre otras cosas, está al borde colapso financiero, adopte el lenguaje que es más propio del que está en el centro del poder globalizador y no el que participa de la periferia como un globalizado más. Claro que al mismo tiempo dice algo así como “muchachos, negociemos, no sean malos” al convertirse en portavoz de los accionistas, mayoritariamente no españoles, con participación de estadounidenses, británicos y mexicanos, entre otros, y entre los cuales los miembros del consejo de administración encabezado por Antonio Brufau sólo poseen el 0,04%.

El discurso de García-Margallo representa a los globalizados 500 años después de que el gran intelectual piamontés Mercurino Arborio di Gattinara, el gran canciller del rey Carlos I, planteara el rol de España como globalizadora. La globalización no es un invento de nuestros tiempos. La planteó hace miles de años Sargón de Acad y luego otros como Polibio de Megalópolis; el emperador romano Marco Aurelio Antonino Basiano, más conocido por su apelativo de Caracalla (camisola); el papa Gregorio IX y algunos más hasta nuestros tiempos. Polibio incluyó los temas comerciales y Gregorio IX hizo centro en cuestiones políticas e ideológicas, pero Gattinara fue el gran expositor integral. Y no fue sólo un teórico ya que como canciller de Carlos I la llevó adelante hasta su muerte en 1530. Fue la época más gloriosa del imperio de los Habsburgo, de ese que gobernado desde Madrid, podía decirse que en sus tierras “nunca se ponía el sol”.

Ya en 1510, habida cuenta la enfermedad de Juana I (la loca), el emperador Maximiliano, del Sacro Imperio Romano Germánico, lo había enviado a España para preparar la sucesión a favor de su nieto, Carlos, hijo de aquella, lo que se concretó en 1516. España rápidamente se encontraba lanzada a la conquista de América y pronto a partes de Africa, Asia y no poco de la propia Europa. Gattinara fue el gran estratega, el que negoció para Carlos I de España, a partir de entonces también Carlos V, la compra de la corona de emperador del Sacro Imperio mediante un préstamo obtenido del banquero Jakob Fugger. La soberanía entonces se concentraba en Carlos I, precisamente el soberano de este vasto imperio y sólo en él, como ejecutor de los planes de imperio universal de su canciller, el reservado arquitecto de ese mundo. Naturalmente Gattinara pudiera haber dicho que en esos tiempos un periférico no podía plantearse tener derechos soberanos porque aquél, Carlos, representaba la única soberanía pero ahora García-Margallo lo sostiene como simple portavoz de un sistema globalizado cuyo epicentro, en la actualidad, cinco siglos después, está bastante lejos de España. Y, además, en circunstancias de que dicho sistema hace agua en medio de la tercera gran crisis mundial de la historia del capitalismo, tras las de 1873 y 1929.

Crisis que muestra un rápido proceso de ruptura del orden globalizado, como ya comenzó a observarse en la Roma cuando en 117 Adriano comprendió que mantener la expansión generaba más egresos que ingresos y en la España cuando Felipe II no pudo continuar el proyecto de Gattinara. Como ahora, aquellas globalizaciones no pudieron impedir los actos de soberanía de los que hoy descree el canciller García-Margallo, cuyo país tuvo que estatizar cuatro bancos colapsados mientras pide socorro a sus socios mayores de la Unión Europea, hasta ahora sin mucha suerte, para castigar a la Argentina y busca quebrar el Mercosur, con menos suerte aún, como lo intentó en su reciente viaje al Brasil el mencionado canciller, globalizado por un sistema financiero que no reconoce fronteras y que ha llevado a España a una crisis de enormes proporciones luego de haber vivido el jolgorio, en las últimas décadas, fundamentado, básicamente, en una virtual recolonización americana a través de la adquisición de numerosas empresas públicas de gobiernos de la región, algunas de las cuales terminaron quebradas, como Aerolíneas Argentinas, o desaparecieron, como la venezolana Viasa.

(*) Docente en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires e integrante del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego.

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